El sistema de producción de mercancías y el capitalismo no son la misma cosa; mientras que el capitalismo implica la producción de mercancías, la producción de mercancías no implica necesariamente capitalismo. Con el fin de aplicar la teoría del valor al análisis del capitalismo, Sweezy considera necesario examinar los rasgos que lo separan del concepto general de producción de mercancías.
1. El capitalismo.
Dos son las diferencias fundamentales entre ambos sistemas:
a) En la producción simple de mercancías cada productor “posee y trabaja con sus propios medios de producción; bajo el capitalismo la propiedad de los medios de producción corresponde a un conjunto de individuos, mientras que otro realiza el trabajo”.
b) La producción simple de mercancías sigue el esquema M-D-M (Mercancías-Dinero-Mercancías), mientras que el capitalismo se rige por D-M-D´ (Dinero-Mercancías-mayor cantidad de Dinero). Así pues, el capitalista sólo invertirá dinero si con ello cree que aumentará esta cantidad inicial. La diferencia entre D y D´ es lo que Marx denominara plusvalía, que “constituye el ingreso del capitalista como tal y suministra el fin directo y el incentivo determinante de la producción”.
2. El origen de la plusvalía.Sweezy considera necesario, antes de analizar el origen de la plusvalía, analizar el valor de la mercancía fuerza de trabajo. La fuerza de trabajo es, en el sentido más estricto, el trabajador mismo; el contrato por el que éste se vende por un periodo de tiempo establecido. El valor de la fuerza de trabajo se determinará, como en el caso de cualquier otra mercancía, por el tiempo de trabajo empleado para su producción, por lo que será igual al valor de los medios de subsistencia necesarios para el mantenimiento del trabajador.
La plusvalía, apunta Sweezy, no puede surgir del mero proceso de circulación de mercancías ya que si todos pretendieran aumentar sus ganancias a través del aumento de los precios, lo único que se conseguiría es un aumento generalizado de los precios, del que nadie resultaría ganador. Tampoco ha de buscarse su raíz ni en los materiales ni en los edificios y máquinas empleados para la producción de la mercancía. La única posibilidad restante es que sea la fuerza de trabajo la fuente de la plusvalía.
Como ya se ha apuntado, el capitalista, cuando compra la fuerza de trabajo del obrero, lo que le paga es la suma correspondiente al valor de sus medios de subsistencia. La jornada laboral del obrero puede dividirse en dos etapas en relación a la producción de mercancías: trabajo necesario, que revierte en el salario del obrero (suma total del valor necesario para su subsistencia), y trabajo excedente, cuyo producto se apropia el capitalista en forma de plusvalía. De este modo, a través de la plusvalía, es como el capitalismo explota a gran parte de la producción a costa de los beneficios particulares de una minoría propietaria de los medios de producción.
3. Los componentes del valor.Así pues, el valor total de la mercancía será la unión de tres elementos:
1) Capital constante: Valor de los materiales y la maquinaria usados (por lo que “no sufre, en el proceso de producción, ninguna alteración cuantitativa de su valor”).
2) Capital variable: Valor de la fuerza de trabajo (que sufre una “alteración de su valor”, esto es, la plusvalía).
3) Plusvalía.
4. La tasa de la plusvalía.
La tasa de la plusvalía se define como “la proporción de la plusvalía con respecto al capital variable”, por lo que es el resultado de dividir la plusvalía entre el capital variable. La magnitud de dicha tasa se ve condicionada por tres factores: la duración del día de trabajo, la cantidad de mercancías que entran en el salario real y la productividad del trabajo.
5. La composición orgánica del capital.
La composición orgánica del capital se define como “la medida de la relación del capital constante con el capital variable, en el capital total usado en la producción”, por lo que es el resultado de dividir el capital constante entre la suma del constante y el variable. La composición orgánica del capital estará determinada por: la tasa de los salarios reales, la productividad del trabajo, el nivel común de la técnica y la amplitud de la acumulación del capital en el trabajo.
6. La tasa de ganancia.
La tasa de ganancia supone para el capitalista la proporción crucial del proceso de producción y se calcula dividiendo la plusvalía entre la suma de los capitales constante y variable. A fin de simplificar la exposición teórica, Marx presupone que no existen los pagos derivados de la renta y que todo capital tiene un idéntico periodo concreto de rotación.Teniendo en cuenta que todo capitalista que saque mayor beneficio que el resto de su capital constante disfrutará de una mayor tasa de plusvalía y, por tanto, una mayor tasa de ganancia que la de los demás. Como las suposiciones de iguales tasas de plusvalía y tasas de ganancia pueden suponerse (ya que se basan en tendencias reales existentes en la producción capitalista) pero las de las composiciones orgánicas del capital no, es inevitable la conclusión de que la ley del valor no ejerce control directo en el mundo real de la producción capitalista.
jueves, 12 de febrero de 2009
Capítulo 3: El problema del valor cualitativo
1. El primer paso.
En toda sociedad el trabajo se aplica a la producción y los productos se distribuyen entre la población; lo que cambia a lo largo de la historia es el modo de gestionar dichas acciones. En la sociedad productora de mercancías es el valor del cambio el que rige la asignación de la actividad productiva.Marx supone la existencia de una correspondencia exacta entre las proporciones de cambio y las de tiempo de trabajo, aclarando:
a) Que esta asignación de valor debe basarse en el tiempo “socialmente necesario”, esto es, en condiciones normales.
b) Que el trabajo más calificado, sea por habilidad natural o por entrenamiento, que el trabajo medio debe tener la capacidad de aumentar proporcionalmente el valor del producto. Sin embargo, dado que desde el punto de partida del análisis marxista las diferencias entre trabajo calificado y no calificado no eran esenciales, ignorarlas era una “abstracción pertinente”.
2. El papel de la competencia.
A través de la clásica metáfora del ciervo y el castor, Sweezy explica cómo en una sociedad de producción simple de mercancías, la oferta y la demanda estarán equilibradas sólo cuando el precio de cada mercancía sea proporcional al tiempo de trabajo requerido para producirla. En palabras de Marx “en el momento en que la oferta y la demanda se equilibran mutuamente y, por lo mismo, cesan de actuar, el precio de mercado de una mercancía coincide con su valor real”.
3. El papel de la demanda.
En términos de equilibrio económico, es necesario destacar el papel que juega la demanda social de un bien. Por tanto, para determinar este equilibrio es necesario no sólo necesario conocer información sobre costo relativo en trabajo sino también información sobre la intensidad relativa de la demanda.Sin embargo, el desdén de Marx por los problemas derivados por la opción de los consumidores ha sido objeto de muchas críticas posteriores. Aun con esto, esta visión marxista ha encontrado un amplio apoyo en tendencias recientes del pensamiento económico como la de Schumpeter y los keynesianos.
4. “Ley del valor” vs. “Principio de planeación”.
La ley del valor resume las fuerzas actuantes en una sociedad productora de mercancías en la que sus productores privados satisfacen sus necesidades por el cambio entre ellos. Estas fuerzas son, por un lado, “la productividad del trabajo en las diferentes ramas de la producción y la norma de las necesidades sociales modificada por la distribución del ingreso” y, por otro, la oferta y la demanda como fuerzas equilibradoras del mercado. Por ello, la ley del mercado aclara que, aunque las decisiones económicas no se tomen de modo centralizado, existe el orden más allá del caos aparente.Mientras que esta ley no sirve para entender un entramado económico como el capitalismo, pierde todo su valor si se habla de un sistema económico como el socialista, cuya actividad productiva es sometida a un control consciente. Es en ese caso en el que el principio de planeación sustituye a la ley del valor.
5. El valor y el precio de producción.
El precio, según Marx, no sería otra cosa que la expresión monetaria del valor, mientras que los precios de producción serían modificaciones de los valores. Dado que los precios de producción se derivan de los valores de acuerdo con ciertas reglas generales, la teoría del precio de la producción se basaría en la teoría del valor hasta el punto de que no tendría sentido fuera de ella.
6. Precio de monopolio.
En situación de monopolio, la ley del valor como reguladora de las relaciones cuantitativas de producción y de cambio pierde su eficacia casi por completo; al contrario que la relación precio de producción-valor, las discrepancias entre el precio de monopolio y el valor no están sometidas a ninguna regla general.
En toda sociedad el trabajo se aplica a la producción y los productos se distribuyen entre la población; lo que cambia a lo largo de la historia es el modo de gestionar dichas acciones. En la sociedad productora de mercancías es el valor del cambio el que rige la asignación de la actividad productiva.Marx supone la existencia de una correspondencia exacta entre las proporciones de cambio y las de tiempo de trabajo, aclarando:
a) Que esta asignación de valor debe basarse en el tiempo “socialmente necesario”, esto es, en condiciones normales.
b) Que el trabajo más calificado, sea por habilidad natural o por entrenamiento, que el trabajo medio debe tener la capacidad de aumentar proporcionalmente el valor del producto. Sin embargo, dado que desde el punto de partida del análisis marxista las diferencias entre trabajo calificado y no calificado no eran esenciales, ignorarlas era una “abstracción pertinente”.
2. El papel de la competencia.
A través de la clásica metáfora del ciervo y el castor, Sweezy explica cómo en una sociedad de producción simple de mercancías, la oferta y la demanda estarán equilibradas sólo cuando el precio de cada mercancía sea proporcional al tiempo de trabajo requerido para producirla. En palabras de Marx “en el momento en que la oferta y la demanda se equilibran mutuamente y, por lo mismo, cesan de actuar, el precio de mercado de una mercancía coincide con su valor real”.
3. El papel de la demanda.
En términos de equilibrio económico, es necesario destacar el papel que juega la demanda social de un bien. Por tanto, para determinar este equilibrio es necesario no sólo necesario conocer información sobre costo relativo en trabajo sino también información sobre la intensidad relativa de la demanda.Sin embargo, el desdén de Marx por los problemas derivados por la opción de los consumidores ha sido objeto de muchas críticas posteriores. Aun con esto, esta visión marxista ha encontrado un amplio apoyo en tendencias recientes del pensamiento económico como la de Schumpeter y los keynesianos.
4. “Ley del valor” vs. “Principio de planeación”.
La ley del valor resume las fuerzas actuantes en una sociedad productora de mercancías en la que sus productores privados satisfacen sus necesidades por el cambio entre ellos. Estas fuerzas son, por un lado, “la productividad del trabajo en las diferentes ramas de la producción y la norma de las necesidades sociales modificada por la distribución del ingreso” y, por otro, la oferta y la demanda como fuerzas equilibradoras del mercado. Por ello, la ley del mercado aclara que, aunque las decisiones económicas no se tomen de modo centralizado, existe el orden más allá del caos aparente.Mientras que esta ley no sirve para entender un entramado económico como el capitalismo, pierde todo su valor si se habla de un sistema económico como el socialista, cuya actividad productiva es sometida a un control consciente. Es en ese caso en el que el principio de planeación sustituye a la ley del valor.
5. El valor y el precio de producción.
El precio, según Marx, no sería otra cosa que la expresión monetaria del valor, mientras que los precios de producción serían modificaciones de los valores. Dado que los precios de producción se derivan de los valores de acuerdo con ciertas reglas generales, la teoría del precio de la producción se basaría en la teoría del valor hasta el punto de que no tendría sentido fuera de ella.
6. Precio de monopolio.
En situación de monopolio, la ley del valor como reguladora de las relaciones cuantitativas de producción y de cambio pierde su eficacia casi por completo; al contrario que la relación precio de producción-valor, las discrepancias entre el precio de monopolio y el valor no están sometidas a ninguna regla general.
Capítulo 2: El problema del valor cuantitativo
Marx define la mercancía como lo producido por el hombre para el cambio. Dice que el cambio es el que produce la división del trabajo y que aunque la producción de mercancías no es una expresión directa del hombre, sí es la forma inevitable de vida económica, estando condicionada históricamente. En contraposición está Adam Smith, que dice que la causa del aumento de la producción está en la división del trabajo. Así es ésta la que provoca el cambio, y no la producción, como diría Marx. Para éste último, la producción esconde relaciones sociales subyacentes, ya que las mercancías son fruto de distintos trabajos relacionados entre sí, y es el economista el que debe descubrirlas, afirmando que la economía política ha de adquirir también carácter cualitativo y no sólo cuantitativo. Es aquí donde los métodos de economía política toman relevancia más allá de lo puramente cuantitativo, y pasan a los cualitativos. El valor de cambio de Smith es de validez cuantitativa, pero la economía política de Marx contiene elementos cualitativos:
- Valor de uso (de utilidad): Es la relación que existe entre el consumidor y el objeto consumido, es lo que ahora se llamaría “utilidad”, y Marx lo apartaba de su estudio de economía política. Pero esto no resta valor al valor de uso en la economía política, sino que es igualmente esencial para la producción, para el consumo, por lo que no aparece excluido de los factores que dictan los fenómenos económicos.
- Valor de cambio (que producido por la división del trabajo y la producción privada) como forma exterior de relación social entre los propietarios de mercancías y los productores individuales que trabajan aisladamente de los primeros. Aquí también existe un valor oculto en las mercancías, que es el trabajo abstracto (importante concepto en el pensamiento de Marx al ser el denominador común de todas las mercancías), una abstracción del propio capitalismo y no dictada por Marx, dice Sweezy. Así, la importancia del volumen total de la fuerza de trabajo social y de su nivel general de desarrollo, provee una porción de trabajo humano respecto a la demanda cambiante del capitalismo. Dice que la indiferencia es típica en la sociedad capitalista en cuanto a los particulares trabajos, donde los individuos pasan fácilmente de un trabajo a otro para generar riqueza.
- Trabajo y valor: El trabajo tiene dos aspectos clave, uno correspondiente al valor de uso, y otro al valor de la mercancía que produce. La relación existente del valor con el trabajo es cualitativamente una parte misma del trabajo pues es fuerza humana creadora de mercancías. Por otro lado, es fuerza humana gastada en torno a un fin específico, siendo un atributo útil que produce esos valores de uso.
- Trabajo abstracto: Este concepto hace referencia, en palabras textuales de Marx, al “trabajo en general”. Esto permite comprobar que la suma de la fuerza de trabajo social susceptible de transferencia de un uso a otro de acuerdo con la necesidad social, y de cuya magnitud y desarrollo depende en última instancia la capacidad productora de riqueza de la sociedad. Presupone que el capitalismo es una fuerza muy superior a las demás formas anteriores de sociedad.- La relación de lo cuantitativo con lo cualitativo en la teoría del valor: Es obvio que las tareas más significativas del ámbito cuantitativo están basadas en datos de análisis cualitativo, y a esto llegó Marx tras su periplo metodológico, que le hizo modificar poco a poco sus ideas y perfeccionarlas. Y es que, por el mero hecho de que una mercancía es un valor, ha tomado parte de la actividad que produce la riqueza de la sociedad, y aquí las simplificaciones en abstracto, como conceptos cualitativos, sirven como categoría cuantitativa, diferente del valor de cambio, que a su vez proporciona la magnitud del valor de cambio.
- El carácter fetichista de las mercancías: Marx dijo en El Capital que la relación entre los hombres en la producción de mercancías “adopta, a sus ojos, la fantástica forma de una relación entre las cosas”. Y esto sólo es alcanzable cuando llegados a un punto en la historia en el que la producción de mercancías está tan desarrollada que su materialización en las relaciones sociales es concluyente. Y de esta manera el orden social derivado de ello se convierte en, según Lukacs, una “segunda naturaleza”. Y es que, además, se ve al sistema actual como verdadero, como óptimo, y a los demás anteriores sólo como meras fases imperfectas, antesalas del capitalismo perfecto y puro en todas sus categorías, dando poder autónomo a cada uno de los factores de producción, pero que no deja de ser una mistificación del modo de producción capitalista.
Sweezy dice que aquellos defensores del capitalismo, los que viven bajo sus formas, admiten al mismo como una representación de las relaciones sociales. Es decir, que aunque se puedan hallar ocultas, las relaciones sociales derivadas del sistema capitalista a dado otra racionalidad a la economía dejando ver que sin el capitalismo el desarrollo sería inimaginable. Pero es que, del mismo modo, afirmamos y reconocemos, casi sin pensar en ello, que cada uno somos propietarios de una mercancía, y los que sólo disponen de la del trabajo no están ya exactamente en el plano igualitario, que se supone determina el capitalismo y la teorización del concepto de mercancía, pues el que posee sólo su fuerza de trabajo está por debajo del terrateniente y no sabe que está obligado, subyugado, a las condiciones prescritas por los que poseen los medios de producción; es decir, está siendo explotado.
- Valor de uso (de utilidad): Es la relación que existe entre el consumidor y el objeto consumido, es lo que ahora se llamaría “utilidad”, y Marx lo apartaba de su estudio de economía política. Pero esto no resta valor al valor de uso en la economía política, sino que es igualmente esencial para la producción, para el consumo, por lo que no aparece excluido de los factores que dictan los fenómenos económicos.
- Valor de cambio (que producido por la división del trabajo y la producción privada) como forma exterior de relación social entre los propietarios de mercancías y los productores individuales que trabajan aisladamente de los primeros. Aquí también existe un valor oculto en las mercancías, que es el trabajo abstracto (importante concepto en el pensamiento de Marx al ser el denominador común de todas las mercancías), una abstracción del propio capitalismo y no dictada por Marx, dice Sweezy. Así, la importancia del volumen total de la fuerza de trabajo social y de su nivel general de desarrollo, provee una porción de trabajo humano respecto a la demanda cambiante del capitalismo. Dice que la indiferencia es típica en la sociedad capitalista en cuanto a los particulares trabajos, donde los individuos pasan fácilmente de un trabajo a otro para generar riqueza.
- Trabajo y valor: El trabajo tiene dos aspectos clave, uno correspondiente al valor de uso, y otro al valor de la mercancía que produce. La relación existente del valor con el trabajo es cualitativamente una parte misma del trabajo pues es fuerza humana creadora de mercancías. Por otro lado, es fuerza humana gastada en torno a un fin específico, siendo un atributo útil que produce esos valores de uso.
- Trabajo abstracto: Este concepto hace referencia, en palabras textuales de Marx, al “trabajo en general”. Esto permite comprobar que la suma de la fuerza de trabajo social susceptible de transferencia de un uso a otro de acuerdo con la necesidad social, y de cuya magnitud y desarrollo depende en última instancia la capacidad productora de riqueza de la sociedad. Presupone que el capitalismo es una fuerza muy superior a las demás formas anteriores de sociedad.- La relación de lo cuantitativo con lo cualitativo en la teoría del valor: Es obvio que las tareas más significativas del ámbito cuantitativo están basadas en datos de análisis cualitativo, y a esto llegó Marx tras su periplo metodológico, que le hizo modificar poco a poco sus ideas y perfeccionarlas. Y es que, por el mero hecho de que una mercancía es un valor, ha tomado parte de la actividad que produce la riqueza de la sociedad, y aquí las simplificaciones en abstracto, como conceptos cualitativos, sirven como categoría cuantitativa, diferente del valor de cambio, que a su vez proporciona la magnitud del valor de cambio.
- El carácter fetichista de las mercancías: Marx dijo en El Capital que la relación entre los hombres en la producción de mercancías “adopta, a sus ojos, la fantástica forma de una relación entre las cosas”. Y esto sólo es alcanzable cuando llegados a un punto en la historia en el que la producción de mercancías está tan desarrollada que su materialización en las relaciones sociales es concluyente. Y de esta manera el orden social derivado de ello se convierte en, según Lukacs, una “segunda naturaleza”. Y es que, además, se ve al sistema actual como verdadero, como óptimo, y a los demás anteriores sólo como meras fases imperfectas, antesalas del capitalismo perfecto y puro en todas sus categorías, dando poder autónomo a cada uno de los factores de producción, pero que no deja de ser una mistificación del modo de producción capitalista.
Sweezy dice que aquellos defensores del capitalismo, los que viven bajo sus formas, admiten al mismo como una representación de las relaciones sociales. Es decir, que aunque se puedan hallar ocultas, las relaciones sociales derivadas del sistema capitalista a dado otra racionalidad a la economía dejando ver que sin el capitalismo el desarrollo sería inimaginable. Pero es que, del mismo modo, afirmamos y reconocemos, casi sin pensar en ello, que cada uno somos propietarios de una mercancía, y los que sólo disponen de la del trabajo no están ya exactamente en el plano igualitario, que se supone determina el capitalismo y la teorización del concepto de mercancía, pues el que posee sólo su fuerza de trabajo está por debajo del terrateniente y no sabe que está obligado, subyugado, a las condiciones prescritas por los que poseen los medios de producción; es decir, está siendo explotado.
lunes, 2 de febrero de 2009
"Teoría del desarrollo capitalista": Introducción y tema 1
INTRODUCCIÓN
Comienza Sweezy preguntándose si, al estar relacionada con los individuos, es la economía política una ciencia social. Responde por boca del profesor Robbins, quien define la economía como “la ciencia que estudia la conducta humana como una relación entre fines y medios limitados que tienen diversa aplicación” y señala que no es puramente una ciencia social ya que estudia la relación de los hombres con las cosas (y no de los hombres con los hombres, lo que sería la ciencia social más pura).
Como los conceptos de este ámbito del saber nos remiten irremediablemente a lo social, hay que despojar estos conceptos de dicha significación, acción que ejemplifica con el concepto de salario, entre lo social y lo económico. En definitiva, “los conceptos se toman del lenguaje corriente, se les extrae el contenido social y las categorías universales que resultan se aplican indistintamente a toda clase de sistemas económicos”.
A continuación, justificándose en la insatisfacción con muchas doctrinas económicas clásicas, se dispone a analizar la perspectiva marxista de la economía.
EL MÉTODO DE MARX
Se dispone el autor ahora a abordar el análisis de la metodología empleada por Marx en el estudio de la economía, por considerar “originales e importantes” sus contribuciones en esta materia.
El uso de la abstracción
Sweezy apunta que “el propósito legítimo de la abstracción en la ciencia social no es nunca alejarse del mundo real para fines de investigación intensiva. Por consiguiente, cuando decimos estar operando en un alto nivel de abstracción queremos decir que consideramos un número relativamente reducido de aspectos de la realidad”. Marx era partidario del método abstracto-deductivo, concretamente utilizaba el método de las “aproximaciones sucesivas”: el paso a paso de lo más abstracto a lo más concreto. Las distintas maneras de aplicar la abstracción ha sido uno de los motivos de la diversidad entre autores clásicos como Adam Smith, Ricardo o Marshall.
Sin embargo, la otra gran dificultad en la investigación académica estriba en encontrar el objeto preciso al que aplicar el método, y eso la metodología, por sí misma, es incapaz de indicarlo. El punto de partida de Marx es el cambio social. Para lograrlo, considera que la clave es el modo de producción, determinado por los conflictos de clase que, en su época, estaba personificado en la burguesía y el proletariado, símbolos del trabajo y el capital. Es por tanto la relación entre ambos, una relación de cambio, el verdadero punto de partida de la economía política de Marx.
En su procedimiento de abstracción se distinguen dos pasos:
1. Toda relación social, excepto la que interesa (en este caso, la relación capital-trabajo), queda postergada a una etapa posterior del análisis.
2. Dicha relación se debe reducir a su forma más importante (en este caso, la producción industrial).
En cuanto a la validez, Sweezy apunta que es relativa al nivel de abstracción, por lo que los resultados no deben entenderse como predicciones de futuro completamente ciertas.
La crítica posterior a la economía política de Marx se basa consciente o inconscientemente, en la mayoría de los casos, en el rechazo a sus suposiciones.
El carácter histórico del pensamiento de Marx
Uno de los elementos condicionantes de la doctrina de Marx es la visión histórica de la realidad social. Esta visión es la que determina que entienda que el cambio social no es algo mecánico sino que es producto de la acción humana pero enmarcada en su contexto histórico-mundial concreto. Es por ello que “para el marxista, por otra parte, el específico carácter histórico –esto es, transitorio- del capitalismo es una premisa mayor. Es en virtud de este hecho como el marxista puede, por así decirlo, permanecer fuera del sistema y criticarlo en su conjunto”.
Comienza Sweezy preguntándose si, al estar relacionada con los individuos, es la economía política una ciencia social. Responde por boca del profesor Robbins, quien define la economía como “la ciencia que estudia la conducta humana como una relación entre fines y medios limitados que tienen diversa aplicación” y señala que no es puramente una ciencia social ya que estudia la relación de los hombres con las cosas (y no de los hombres con los hombres, lo que sería la ciencia social más pura).
Como los conceptos de este ámbito del saber nos remiten irremediablemente a lo social, hay que despojar estos conceptos de dicha significación, acción que ejemplifica con el concepto de salario, entre lo social y lo económico. En definitiva, “los conceptos se toman del lenguaje corriente, se les extrae el contenido social y las categorías universales que resultan se aplican indistintamente a toda clase de sistemas económicos”.
A continuación, justificándose en la insatisfacción con muchas doctrinas económicas clásicas, se dispone a analizar la perspectiva marxista de la economía.
EL MÉTODO DE MARX
Se dispone el autor ahora a abordar el análisis de la metodología empleada por Marx en el estudio de la economía, por considerar “originales e importantes” sus contribuciones en esta materia.
El uso de la abstracción
Sweezy apunta que “el propósito legítimo de la abstracción en la ciencia social no es nunca alejarse del mundo real para fines de investigación intensiva. Por consiguiente, cuando decimos estar operando en un alto nivel de abstracción queremos decir que consideramos un número relativamente reducido de aspectos de la realidad”. Marx era partidario del método abstracto-deductivo, concretamente utilizaba el método de las “aproximaciones sucesivas”: el paso a paso de lo más abstracto a lo más concreto. Las distintas maneras de aplicar la abstracción ha sido uno de los motivos de la diversidad entre autores clásicos como Adam Smith, Ricardo o Marshall.
Sin embargo, la otra gran dificultad en la investigación académica estriba en encontrar el objeto preciso al que aplicar el método, y eso la metodología, por sí misma, es incapaz de indicarlo. El punto de partida de Marx es el cambio social. Para lograrlo, considera que la clave es el modo de producción, determinado por los conflictos de clase que, en su época, estaba personificado en la burguesía y el proletariado, símbolos del trabajo y el capital. Es por tanto la relación entre ambos, una relación de cambio, el verdadero punto de partida de la economía política de Marx.
En su procedimiento de abstracción se distinguen dos pasos:
1. Toda relación social, excepto la que interesa (en este caso, la relación capital-trabajo), queda postergada a una etapa posterior del análisis.
2. Dicha relación se debe reducir a su forma más importante (en este caso, la producción industrial).
En cuanto a la validez, Sweezy apunta que es relativa al nivel de abstracción, por lo que los resultados no deben entenderse como predicciones de futuro completamente ciertas.
La crítica posterior a la economía política de Marx se basa consciente o inconscientemente, en la mayoría de los casos, en el rechazo a sus suposiciones.
El carácter histórico del pensamiento de Marx
Uno de los elementos condicionantes de la doctrina de Marx es la visión histórica de la realidad social. Esta visión es la que determina que entienda que el cambio social no es algo mecánico sino que es producto de la acción humana pero enmarcada en su contexto histórico-mundial concreto. Es por ello que “para el marxista, por otra parte, el específico carácter histórico –esto es, transitorio- del capitalismo es una premisa mayor. Es en virtud de este hecho como el marxista puede, por así decirlo, permanecer fuera del sistema y criticarlo en su conjunto”.
jueves, 8 de enero de 2009
Actúa por la paz
Escribo muy brevemente para incitaros a la participación por el cese de la violencia palestino-israelí. Con que sólo uno de vosotros participe, esta entreda ya habrá merecido la pena. Os propongo dos opciones:
-Para los que creen en el poder del cibervoluntariado internacional os pido unos segundos para echar una firmita: http://www.avaaz.org/es/gaza_time_for_peace/?cl=166387106&v=2645
- Para los que creen que la calle es el espacio de todos y, por ello, el espacio de la expresión y la crítica os animo a venir este domingo a la concentración (legalizada) en Sol a las 12 del mediodía.
La muerte y el sufrimiento del prójimo merecen, como mínimo, esta entrada pseudoinformativa.
P:)
-Para los que creen en el poder del cibervoluntariado internacional os pido unos segundos para echar una firmita: http://www.avaaz.org/es/gaza_time_for_peace/?cl=166387106&v=2645
- Para los que creen que la calle es el espacio de todos y, por ello, el espacio de la expresión y la crítica os animo a venir este domingo a la concentración (legalizada) en Sol a las 12 del mediodía.
La muerte y el sufrimiento del prójimo merecen, como mínimo, esta entrada pseudoinformativa.
P:)
Cuento para no dormir (basado en hechos reales)
La verdad es que da gusto ir a clase y escuchar un cuento, independientemente de que el final sea tan triste (aunque aparentemente no lo parezca) como lo es éste.
El cuento habla de una (gran) familia española durante, no recuerdo con exactitud, finales de los 80/principos de los 90. Es la historia de un papá de nombre Felipe (la valoración de si era o no era "el hermoso" la dejo a gusto del lector o, según qué caso, de su padre) cuya casa estaba prácticamente destruida. En pleno auge de ilusión por reconstruir esta casa, se puso manos a la obra. La obsoleta y casi derruida casa, pese a la necesaria remodelación que este papá llevó a cabo, acabó siendo una casa bastante adaptada a los tiempos que corrían, aunque fue más bien la fachada lo que se llevó la remodelación tan esperada.
El caso es que el tan bienhechor papá decidió que sus hijos debían formarse también en el extranjero -no cuestionaré si su motivación apuntaba más hacia el bienestar del hijo o al de la comunidad de acogida-, por lo que mandó a uno de sus hijos con mayores espectativas de futuro-de nombre Telefónica- a la tierra que uno de sus tatara...abuelos -de nombre de detergente en polvo- había inventado (ya que todo el mundo sabe que dichas tierras no existían antes de su llegada). Perdonar que mi memoria no me permita recordar exactamente si la había inventado o descubierto pero el uso que ha hecho la Historia (esa gran matriarca) de ambos términos ha sido, en la práctica, equiparable.
Pues bien, la "pequeña" Telefónica disfrutó y aprendió mucho en estas tierras, de modo que decidió compaginar su vida allá con su vida en su nueva casa. El problema es que era realmente ambiciosa y algo tiránica, por lo que los habitantes de aquellas tierras la acogieron sin opción real de decidir. Pero la acogieron.
La pequeña se hizo mayor de edad en estas tierras y con esta autonomía comenzó a exigirle a su atento papaito un margen de actuación que, de grande que se hizo, acabó haciéndola olvidarlo y olvidar a todos los que le sucedieron en la remodelación (ahora sí que sí) de la fachada de aquella casa que la había visto nacer. Aunque olvidar, lo que se dice olvidar, sólo olvidó la autoridad que éste representaba; ahora sólo estaba interesada en la paga, el aguinaldo y de más ratoncitos Pérez.
Y cuenta la leyenda que, desde entonces, nadie más pudo -ni a éste ni al otro lado del océano- poner orden en los caprichosos deseos de la joven emancipada.
La moraleja la dejo a elección vuestra.
P:)
El cuento habla de una (gran) familia española durante, no recuerdo con exactitud, finales de los 80/principos de los 90. Es la historia de un papá de nombre Felipe (la valoración de si era o no era "el hermoso" la dejo a gusto del lector o, según qué caso, de su padre) cuya casa estaba prácticamente destruida. En pleno auge de ilusión por reconstruir esta casa, se puso manos a la obra. La obsoleta y casi derruida casa, pese a la necesaria remodelación que este papá llevó a cabo, acabó siendo una casa bastante adaptada a los tiempos que corrían, aunque fue más bien la fachada lo que se llevó la remodelación tan esperada.
El caso es que el tan bienhechor papá decidió que sus hijos debían formarse también en el extranjero -no cuestionaré si su motivación apuntaba más hacia el bienestar del hijo o al de la comunidad de acogida-, por lo que mandó a uno de sus hijos con mayores espectativas de futuro-de nombre Telefónica- a la tierra que uno de sus tatara...abuelos -de nombre de detergente en polvo- había inventado (ya que todo el mundo sabe que dichas tierras no existían antes de su llegada). Perdonar que mi memoria no me permita recordar exactamente si la había inventado o descubierto pero el uso que ha hecho la Historia (esa gran matriarca) de ambos términos ha sido, en la práctica, equiparable.
Pues bien, la "pequeña" Telefónica disfrutó y aprendió mucho en estas tierras, de modo que decidió compaginar su vida allá con su vida en su nueva casa. El problema es que era realmente ambiciosa y algo tiránica, por lo que los habitantes de aquellas tierras la acogieron sin opción real de decidir. Pero la acogieron.
La pequeña se hizo mayor de edad en estas tierras y con esta autonomía comenzó a exigirle a su atento papaito un margen de actuación que, de grande que se hizo, acabó haciéndola olvidarlo y olvidar a todos los que le sucedieron en la remodelación (ahora sí que sí) de la fachada de aquella casa que la había visto nacer. Aunque olvidar, lo que se dice olvidar, sólo olvidó la autoridad que éste representaba; ahora sólo estaba interesada en la paga, el aguinaldo y de más ratoncitos Pérez.
Y cuenta la leyenda que, desde entonces, nadie más pudo -ni a éste ni al otro lado del océano- poner orden en los caprichosos deseos de la joven emancipada.
La moraleja la dejo a elección vuestra.
P:)
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